El obispo de Barbastro-Monzón, mons. Ángel Pérez Pueyo, ha presidido el día 7 de julio la misa de acción de gracias celebrada en el santuario, el día en que se cumplían 51 años de la apertura al culto del nuevo templo dedicado a la Virgen de Torreciudad. Mons. Pérez ha querido de este modo sumarse al programa celebrativo del 50 aniversario, que culminará el próximo 12 de septiembre en la Jornada Mariana de la Familia.
El origen del nuevo santuario
En su homilía, el obispo de nuestra diócesis ha recordado con especial emoción, a aquella familia que un día peregrinó hasta la ermita para poner en manos de la Virgen la vida de un hijo gravemente enfermo. La curación del pequeño Josemaría, fundador del Opus Dei, fue la respuesta de Dios a la fe confiada de sus padres, José y Dolores. Quizá ellos nunca imaginaron que aquella peregrinación humilde acabaría convirtiéndose en una de las semillas de esta extraordinaria historia de fe que hoy seguimos contemplando. Porque las grandes obras de Dios suelen comenzar siempre de una forma muy sencilla: con unos padres que rezan y cuidan de su hijo.
Testimonio de gratitud
Mons. Pérez ha agradecido el trabajo pastoral de sacerdotes y laicos durante estos 51 años en los que Torreciudad ha abierto sus puertas a peregrinos llegados de los cinco continentes. Ha mencionado las numerosas conversiones, confesiones, vocaciones y reconciliaciones ocurridas en este lugar, en el que habéis sido pioneros en reunir aquí, año tras año, a miles de familias. ¡Qué hermoso signo!
Una diócesis muy mariana
También ha destacado que la diócesis de Barbastro-Monzón tiene más de ciento treinta y cinco advocaciones marianas, precisando que no tenemos ciento treinta y cinco madres, tenemos una sola y cada pueblo la ha vestido con el traje de su propia historia. Esta metáfora sobre «el fondo de armario con que cuenta la Virgen María», es frecuentemente empleada por el pastor para explicar la admirable variedad de las devociones marianas, de las que ha destacado en el territorio las de El Pueyo, Guayente, la Carrodilla, Bruis y Torreciudad.
Un proyecto evangelizador
Torreciudad se ha convertido en un concurrido destino del turismo religioso, y mons. Pérez ha manifestado que sueño en Torreciudad también como punto de partida, donde el camino sea el gran proyecto evangelizador mariano para toda la diócesis: una auténtica red de ermitas, santuarios, parroquias y comunidades donde María siga conduciendo a todos hacia Cristo. Una experiencia en la que la Madre de Dios no borra las diferencias ni uniforma, sino que une y convierte la variedad en comunión.
Una Iglesia con rostro de familia
Mucho antes de que habláramos de sinodalidad —ha concluido—, aquí ya se intuía que la Iglesia debía parecerse cada vez más a una familia, y ese es también el sueño de nuestra diócesis: queremos ser una familia de familias, donde todos se sepan llamados, acogidos y enviados. Y María, como en Caná, seguirá diciéndonos: «Haced lo que Él os diga».
