Oyarzabal y Lurueña recrean una orquesta con órgano y percusión

28 de agosto de 2026

El XXXI Ciclo de Órgano de Torreciudad se ha clausurado hoy con una vibrante actuación protagonizada por el organista Daniel Oyarzabal y el percusionista Eloy Lurueña, dentro de la programación del festival Clásicos en la Frontera. El concierto ha reunido órgano y percusión en una experiencia sonora concebida para recrear la riqueza, la fuerza y el color de una gran formación orquestal.

El programa ha recorrido sonoridades muy contrastadas, desde el misterio del Aquarium de Saint-Säens hasta la fuerza arrolladora de Marte de Holst, pasando por el dramatismo de Romeo y Julieta de Prokofiev y el color del Capricho español de Rimsky-Kórsakov, hasta desembocar al final en el Bolero de Ravel, con una interpretación hipnótica y apoteósica.

Una de las principales novedades de esta edición ha sido la incorporación de una consola móvil, conectada mediante MIDI a la consola del coro. Esta disposición ha permitido al público contemplar directamente el trabajo de los intérpretes y su comunicación durante el concierto, además de apreciar la complejidad técnica y artística que exige dominar el gran órgano de Torreciudad, construido por el maestro Gabriel Blancafort y dotado de 4.072 tubos.

Para Daniel Oyarzabal, enfrentarse a un instrumento como el de Torreciudad supone «un reto maravilloso. Cuando el organista llega a un nuevo órgano tiene ante sí toda una inmensa paleta de colores, con flautas, trompetas, oboes, cromornos y llenos. Tiene que escuchar el instrumento y adaptar todos esos sonidos a la pieza», explicó. Ese proceso exige, según el músico, muchas horas de trabajo: «hay que buscar todos los colores necesarios para que la obra orquestal funcione y se acerque, con la sonoridad del órgano, lo máximo posible a la obra que se va a interpretar».

Oyarzabal ha destacado también que las transcripciones forman parte de la propia historia del instrumento: «las transcripciones y el órgano van de la mano. El concepto del arreglo es inherente al órgano y se ha hecho toda la vida», ha señalado. «Es seguir una tradición que se mantiene, porque el órgano tiene unas posibilidades infinitas».

La percusión ha ampliado esa paleta sonora con instrumentos como vibráfono, platos, caja, tam-tam, pandereta, triángulo y castañuelas. Para Eloy Lurueña la propuesta nace precisamente de la experiencia orquestal de Oyarzabal y de su pasión por las grandes obras sinfónicas. «Cuando Daniel me invita a participar en este proyecto, me permite aportar mi experiencia para tratar de reproducir la sensación de ser una orquesta», ha afirmado. «El hecho de interpretar este repertorio sin director nos hace estar muy activos, tomando continuamente decisiones», ha explicado Lurueña. «No se trata solo de tocar pasajes complicados, sino de encontrar el balance, el carácter o el tempo ideal, adaptándonos a las características del órgano y de la sala».

El percusionista ha subrayado además la dimensión creativa de un proyecto que permanece abierto incluso durante el trabajo interpretativo: «las partituras no están cerradas del todo. Para nosotros es una diversión y un ejercicio creativo poder añadir una nueva voz o mejorar algún aspecto que recree el espíritu de la versión original».

En palabras de un cualificado asistente, «en este concierto he vivido una noche de música explosiva, grandiosa, colorista y vibrante, en la que la monumentalidad de un órgano de más de cuatro mil tubos ha dialogado con la energía y la riqueza sonora de la percusión».

Al concluir la actuación, la directora del ciclo y organista titular de Torreciudad, Maite Aranzabal, ha mostrado su satisfacción «por un doble motivo: por un lado, la cifra de público ha sido históricamente la más alta de todas las ediciones, con alrededor de 1.700 asistentes en el conjunto de los cuatro conciertos, la gran mayoría vecinos del territorio. Y más allá de los números, estamos felices por sus muy favorables opiniones acerca de la experiencia musical que han vivido durante el ciclo; respaldan la selección de intérpretes de calidad que procuramos realizar siempre, los repertorios con amplia presencia de compositores contemporáneos y la exitosa combinación de instrumentos melódicos con el órgano».

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