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Jasna Góra, Polonia

 

Cuadro regalado por Monseñor Stanislaw Nowak, Obispo de Czestochowa, en su visita a Torreciudad, el 13 de febrero de 1988.

INFORMACIÓN SOBRE ESTA ADVOCACIÓN

En Polonia se venera la Virgen de Czestochowa, desde 1384, en “Jasna Gora” que significa “monte de la luz”, en la Diócesis de Cracow, donde fue Obispo el Papa Juan Pablo II. Es la pintura que le hizo San Lucas a la Virgen, cuando todavía vivía, sobre una mesa hecha por San José. La pintura, según la tradición, fue hecha en Efeso, donde vivía la Virgen con San Juan, pasó a Jerusalén, Santa Helena la llevó a Constantinopla, después a Rusia, y en 1384 a Polonia. La Virgen es morenita, “morena y bella”, dice el Cantar de los Cantares 1:5. Tiene dos cicatrices en la cara, hechas por un hereje husita en 1430, y otra en el cuello hecha por una flecha tártara. Las han tratado de quitar con toda clase de pinturas y detergentes, pero siempre salen de nuevo, ¡parece que la Virgen quiere que le queden!. El milagro más espectacular de la historia fue la “triple resurrección” que le ocurrió a la familia de Marcín Lanio en 1540, que asombró a toda Europa: Tenía dos hijos, y el niño mató a la niña sin querer, jugando; se escondió asustado en el horno, y la madre lo mató, al encenderlo, sin saber que el niño estaba allí. Al darse cuenta se volvió loca. Y cuando Marcián llegó a la casa, pensó que su esposa había matado a sus dos hijos, y de un hachazo le rompió la cabeza en dos… después de calmarse, se arrepintió, y llevó los tres cadáveres a la Virgen de Czestochowa, y, al rezar el Magnificat, ¡los tres resucitaron!, sin cortaduras, sin la quemadura del horno, y sin a cabeza partida por el hacha… vivieron vida de familia por muchos años, vida de servicio y santidad.

No se conoce el origen de ésta imagen milagrosa que por muchos siglos ha estado íntimamente relacionada con la historia del pueblo polaco. Según una leyenda, después de la crucifixión de Jesús, cuando la Virgen María se trasladó a la casa de San Juan, llevó consigo algunos artículos personales, entre ellos una mesa hecha por el mismo Redentor en el taller de San José. Se cuenta que, cuando las mujeres piadosas de Jerusalén le pidieron a San Lucas que hiciese una pintura de la Madre de Dios; fue la parte superior de esta mesa la que el Apóstol utilizó para pintar la imagen. Mientras aplicaba los broches y la pintura, San Lucas escuchó con atención cómo la Madre de Jesús hablaba de la vida de su Hijo; muchos de estos hechos fueron plasmados en su Evangelio. La leyenda cuenta que la imagen permaneció en los alrededores de Jerusalén hasta que fue descubierta por Santa Elena, en el siglo cuarto. El cuadro, junto con otras reliquias, fue trasladado a la ciudad de Constantinopla, donde el hijo de Santa Elena, el Emperador Constantino el Grande, erigió una Iglesia para su entronización. La imagen de la Madre de Dios y el Niño fue honrada por el pueblo.