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Cañete, Perú

 

El 1 de octubre de 2002 llegó esta imagen al santuario, acompañada por el fervor y la devoción de un numeroso grupo de peruanos que se dirigían a Roma para asistir a la canonización de san Josemaría.

INFORMACIÓN SOBRE ESTA ADVOCACIÓN

La Santa sede –el papa era entonces Pío XII- se puso en contacto con san Josemaría para pedir que la Obra se encargara de algún territorio de misión, alguna zona del planeta en que se hacía necesaria la presencia de sacerdotes. San Josemaría respondió: «Dennos el territorio que no quiera nadie». Y el 12 de abril de 1957 se creaba la Prelatura de Yauyos y se nombraba prelado a Ignacio Orbegozo que se trasladó al Perú con cinco sacerdotes más. Era una inmensa comarca sumamente pobre y aislada, que carecía de carreteras, dispersamente poblada por indios analfabetos y depauperados. Situada entre los tres mil y seis mil metros de altitud y carente de todo, con más de noventa templos semiderruidos y en abandono que habían pasado veinticinco años sin sacerdotes.

Estuvieron meses reconociendo el territorio, visitando pueblos y aldeas miserables, perdidas entre los cerros. Tuvieron que cabalgar por sendas de herradura, entre el cielo y el abismo; tan estrechas que, cualquier paso en falso, les llevaba al borde del despeñadero. Administraban los sacramentos: bautismo, matrimonio, unción de los enfermos. Reparaban iglesias caídas. Confesaban y celebraban misa. No toda la población entendía el castellano, pues muchos hablaban quechua, pero no era obstáculo para predicar y consolar a aquellas gentes. Los comienzos fueron particularmente duros.

Cuenta el obispo Enrique Pèlach: “Yo fui a atender la región de Lanca y Langaico en el norte de Yauyos, donde hacía 25 años que había estado por allí el último sacerdote. Estuve un mes por aquellas alturas de 4.700 metros, atendiendo toda necesidad que se presentara. La gente se tenía por católica, pero había que casar a los abuelos, bautizar y casar a sus hijos y bautizar a los nietos. Al año de recorrer aquellos cerros y quebradas atendiendo los pueblos, nos llegó un segundo equipo de seis sacerdotes de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. ¡Qué alegría y qué respiro!”

Al cabo de un año [en 1958] Mons. Orbegozo viajó a Roma y estuvo hablando con san Josemaría.
“-¿Y las vocaciones sacerdotales? –le preguntó el Fundador.
-Padre -le dijo Mons. Orbegozo- este año nos lo hemos pasado sobre un caballo recorriendo la Prelatura…
Entonces me dijo, con delicadeza con un gran respeto hacia mi libertad, que si él estuviera en mi lugar se preocuparía fundamentalmente por las vocaciones sacerdotales…
Cuando volví a Yauyos, creé una Asociación de acólitos, con chiquillos que estaban en las parroquias, de doce, de trece años… Y vinieron más sacerdotes a ayudarnos… Al comienzo teníamos dificultad para encontrar caballos y nos los prestaban. Luego pudimos tener caballo propio… ¡Gran progreso…!
Cuando supo el Padre toda la labor que se estaba haciendo y los medios que estábamos poniendo para promover vocaciones sacerdotales, me dijo que estaba muy contento, que bendecía nuestro trabajo y me aseguró que en veinte años veríamos mucho fruto.
¡Veinte años! ¡Y a mí que la experiencia de aquellos primeros años me había parecido siglos de largo!”.

«Recién cumplidos los veinticinco años, ese territorio tan querido por el Fundador en su corazón y oración diaria, es un territorio eclesiástico con estructuración envidiable. Cuenta con su Seminario mayor y con veinte sacerdotes indígenas. Y obras de apostolado de primera calidad: emisora, escuelas, granjas, escuela normal, laboratorios y demás, con un alto nivel cristiano entre los fieles». Desde 1978 se han sucedido las ordenaciones sacerdotales de clero autóctono, de modo ininterrumpido.

La imagen de Nuestra Señora, Madre del Amor Hermoso, que se venera en Cañete, fue un regalo de san Josemaría a la Prelatura de Yauyos en el año 1964. Es una imagen de bulto hecha por el escultor Manuel Caballero, con el asesoramiento de San Josemaría, que volcó todo su cariño al Perú en esa obra. Procuró conseguir fotografías de Yauyos para que el escultor captara mejor el color de la piel, las trenzas, los rasgos de la cara y la vestimenta de las mujeres y niños de la zona. La imagen llegó al Perú en noviembre de 1965 y se trasladó a una ermita ubicada en el Seminario menor “Nuestra Señora del Valle”, en la provincia de Cañete, donde estuvo 26 años.

Durante la primera estancia del Papa Juan Pablo II en Perú, en 1985, la imagen fue trasladada a la Nunciatura Apostólica donde tuvo ocasión de bendecirla. El 31 de mayo de 1991 se trasladó a su lugar definitivo: un santuario al aire libre construido a la entrada de San Vicente de Cañete que puede albergar a miles de personas. Su fiesta se celebra el último domingo de mayo.