Durante el mes de julio varios seminaristas que estudian en las facultades eclesiásticas de la Universidad de Navarra y residen en el Seminario Internacional Bidasoa de Pamplona nos han ayudado en los actos de culto y en la atención de visitantes al santuario. En agosto se ha incorporado un nuevo grupo para continuar con esta labor que tanto agradecemos. Se han unido a Cristhian Edgardo Ribera, que estudia en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma, vive en el Colegio Sede Sapientiae de la Ciudad Eterna y que ha colaborado tanto en julio como en agosto.

Kevin Lionel Díaz es hondureño, originario de Intibucá, y estudia 3º de Teología. Al llegar le impactó especialmente encontrarse en la galería de advocaciones marianas del santuario con la patrona de su país, la Virgen de Suyapa: «en ese momento me dije ‘estoy en casa’, y he comprobado que esta galería es una manifestación extraordinaria de la universalidad del cariño y la confianza de los cristianos en la Madre de Dios». Su lugar favorito en Torreciudad es la capilla del Sagrado Corazón, por su recogimiento y por la expresividad del gran cuadro de Federico Laorga que la preside. «Una de las cosas que he aprendido para mi futuro ministerio es ver la total disponibilidad que tienen aquí los sacerdotes para atender confesiones, a cualquier hora. He visto que eso facilita mucho a los fieles la recepción del sacramento». También subraya que la naturaleza «no aleja sino que acerca y favorece el vivir una experiencia espiritual, aquí esto sucede cada día».

Nacido en Pekín, Juan Zhang estudia 5º de Teología y no conocía Torreciudad. «En estos días ha crecido mi amor a la Virgen, y he rezado mucho por mi familia y por mi país, dándole las gracias porque mis padres son católicos y me educaron en la fe». Ha dedicado intensos tiempos de oración en la capilla del Santísimo, ante la escultura del «Cristo vivo»: «mi fe y mi vocación han quedado reforzadas con esta experiencia pastoral, y también con la convivencia habitual con mis compañeros, nos hemos ayudado mutuamente».

De Tanzania procede Alfred Kabole Richard, de la diócesis de Bunda. Ha quedado muy sorprendido «de la cantidad de familias y niños que vienen a Torreciudad, son un gran motivo de esperanza para la Iglesia». Subraya que el cuidado de la vida de oración en el santuario se contagia, y que eso le ha ayudado mucho: «para mi vocación resulta esencial vivir lo mejor posible la oración, la misa, la confesión… Me alegra especialmente haber mejorado notablemente en el trato con Santa María, y la oración a la Virgen de Torreciudad me inspira y encauza muy bien mis peticiones». Comenta con simpatía que, cuando leyó varias veces escrita la jaculatoria Alma, calma en la cenefa superior de la capilla del Sagrado Corazón (una jaculatoria que san Josemaría usaba y aconsejaba para dejar las preocupaciones en manos del Señor), aquello fue un estupendo revulsivo para su propia serenidad interior.

Cristhian ha querido añadir a sus impresiones del mes de julio que «en este segundo mes de colaboración he podido notar cómo la Virgen intercede en la vida de todas las personas a través de los testimonios de los peregrinos». Y muy agradecido, resalta que «también he cultivado mejor mi devoción hacia ella».