«Torreciudad tiene algo del encanto de Nazaret en el corazón de Aragón»

21 de August de 2026

Pierre-Antoine Belley nació hace 53 años en la localidad de Château-Gontier, en el departamento francés de Mayenne. Se ordenó sacerdote en 1999 en la ciudad de Blois, y actualmente pertenece a la Comunidad de San Martín (Communauté Saint-Martin), una asociación clerical de derecho pontificio fundada en 1976 por el sacerdote francés Jean-François Guérin. Durante varias semanas ha estado viviendo con nosotros, dedicando tiempo a la oración, al trabajo y al descanso. Hemos aprovechado su estancia para hacerle algunas preguntas sobre la devoción mariana y su experiencia en Torreciudad:

P. Belley, ¿cree usted que hay un renacer de las visitas a los santuarios dedicados a la Virgen María?

No sé si esto también se aplica a España, pero en Francia los santuarios están experimentando un crecimiento significativo y reciben a muchos peregrinos y visitantes. Los fieles buscan lugares que sirvan como puntos de referencia, fuentes de inspiración, descanso y retiro. A menudo, como en Torreciudad, la belleza de la naturaleza y la arquitectura se combina con una historia sagrada, por ejemplo una aparición o una curación milagrosa. Antiguos lugares de peregrinación, arraigados en la historia cristiana de nuestro continente, están renaciendo y hablan a todos. Y muchos de estos sitios son santuarios marianos. Cuando los niños, ahora adultos, visitan a sus madres, honran una deuda de afecto, regresan «a la fuente» para iluminar mejor su vida diaria.

Basándose en su experiencia pastoral, ¿qué prioridades cree que deberían guiar la acogida diaria de peregrinos y visitantes en un santuario mariano?

Pienso que la prioridad de un santuario mariano es ser una escuela de oración. Es hermoso encontrar allí un sentido de devoción sencilla, que perdurará fácilmente después de la visita y que habla a todos. Debe haber prácticas y costumbres comunes que unan los corazones por igual, como los hijos alrededor de su madre. La devoción popular que allí se expresa, a través de su sencillez y costumbres locales, conmueve a jóvenes y mayores, a académicos y laicos por igual.

Todos los santuarios son casas de María pero, ¿pueden percibirse diferencias entre ellos, ofrece cada uno algo especial?

Los sacerdotes de la Comunidad de San Martín, a la que pertenezco, tenemos el privilegio de servir en varios santuarios en Francia (Lourdes, Mont Saint-Michel, Montligeon, etc.) y en el extranjero, como Neviges (Colonia, Alemania). Nos parece que cada santuario tiene su propia gracia singular. Un santuario siempre está impregnado de una historia particular que debe ser respetada y de la cual debemos inspirarnos, como para extender a todas las generaciones la visita que Dios hizo allí en algún momento. Cuando peregrinamos a Tierra Santa rezamos por las parejas en Caná, por la gracia de la amistad en Betania…

Usted ha pasado varias semanas en Torreciudad y ha podido experimentar su atmósfera espiritual. ¿Cómo la describiría y qué ha sido lo que más le ha impactado?

En Torreciudad se percibe que la Providencia ha acercado la antigua devoción a María al camino espiritual de san José. Se hace evidente que la gracia del lugar nos invita a tener presente a la Virgen María y a inspirarnos en todos los aspectos de la vida cotidiana. Ella misma vivió una vida sencilla en Nazaret, santificando la vida familiar, criando al Hijo de Dios y realizando las humildes tareas diarias en presencia de Dios. Nazaret fue una escuela de vida espiritual cotidiana. Gracias a la atmósfera de silencio y oración que aquí reina, y a su relativo aislamiento, Torreciudad tiene algo del encanto de Nazaret en el corazón de Aragón.

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