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Con muy buena acogida ha comenzado la 22 edición del Ciclo Internacional de Órgano de Torreciudad. La actuación corrió a cargo de dos intérpretes guipuzcoanos: Ana Belén García (órgano) y Garikoitz Mendizabal (txistu y dulzaina).
El recital sorprendió por su originalidad, no sólo por la combinación de instrumentos, sino también por las obras escogidas, con una propuesta en la que se entrelazaba tradición y modernidad: desde curiosas transcripciones hasta un estreno mundial, el Díptico de Naji Hakin, gran organista, improvisador y compositor de Beirut. La dulzaina o gaita navarra habitualmente hace su vida musical en la calle, con danzas folklóricas. Esta vez pudo escucharse en formato de concierto. El txistu se asocia en la actualidad al folklore vasco,pero tiene sus raíces en la flauta común de tres agujeros que existió en todos los continentes. A partir de la Ilustración, y más tarde con la industrialización, hemos llegado a un instrumento que ha evolucionado hasta una cota de gran perfección, porque con solo 3 agujeros es capaz de desarrollar complejas melodías.

La dulzaina abrió y cerró el concierto, que se inició con obras de compositores navarros, como Elena Fraile y Julián Romano, quien trabajó para llevar este instrumento a la música culta. El órgano fue el protagonista exclusivo en la Espata Dantza o Danza de las espadas de Naji Hakin. El compositor es un apasionado del folklore vasco- francés, donde encuentra su inspiración. La obra está basada en la rítmica de esta popular danza vasca, con libre interpretación y peculiar armonía. Del mismo compositor se escuchó el Díptico para txistu y órgano, estreno absoluto, magníficamente interpretado por ambos músicos. Consta de dos partes: Cantilene y Humoresque. La primera está basada en una melodía tradicional del sur de Francia. Humoresque nos acerca al ambiente circense, con una melodía rápida, ágil, burlesca, a cargo de un travieso txistu.

La parte central del programa, dedicada a autores vascos de la segunda mitad del siglo XX, es la que más gustó al público. Gaumin de Aitor Uría, Balada del bilbaíno Aitor Amézaga, Bisitan I de Xavier Zabala -en la que escuchamos un txistu más dulce- y Fandango Bolero de Tomás Garbizu, organista y compositor de Lezo. También se pudo disfrutar de un Avemaría poco conocida del famoso compositor argentino Astor Piazolla.

La organista sacó toda la potencia sonora a los 4 072 tubos del órgano de Torreciudad, obra del Maestro organero Gabriel Blancafort (1977), con la Toccata en Do Mayor del compositor navarro Aurelio Sagaseta, quien estuvo presente en el concierto. Basada en una melodía de Lourdes, sigue la estructura típica de una toccata: utiliza una idea rítmica que se repite constantemente y se desenvuelve in crescendo hasta culminar en un gran tutti.

De nuevo la dulzaina, en completa simbiosis con el órgano, como si de un registro más se tratara, llenó la nave con la conocidísima obra de Haendel Música para los reales fuegos artificiales, con la que concluyó el concierto. En el bis, y con una armonización magistral, los músicos ofrecieron el Agur Jaunak, melodía popular vasca. Ambos agradecieron la oportunidad de haber actuado en el santuario y disfrutaron con la gastronomía local llevándose a sus ciudades tomate rosa de Barbastro y vino del Somontano.