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Una ejecución impecable a velocidad de vértigo y una riqueza tímbrica contrastada, fruto del dominio de la registración, fueron los rasgos de la actuación que el organista italiano Paolo Oreni ofreció en Torreciudad el pasado viernes, merecedora de medalla si jugamos con el equivalente deportivo.

Complejo programa el que planteó Oreni, preparado en un tiempo récord e interpretado de memoria: no trajo partituras y no necesitó de asistente. Además, se ocupó personalmente de la registración. Las cuatro obras del repertorio elegido fueron de una intensa densidad expresiva.

La Fantasía en Fa menor de Mozart fue compuesta para el «órgano-reloj» de una sala de exposiciones de Viena, un tipo de organillo de grandes dimensiones en el que los tubos eran accionados por un sistema automático de relojería. Su interpretación por un organista es posible, pero entraña una gran dificultad. Esta obra manifiesta dos vivencias o estados de la muerte: su faceta dramática, expresada por las figuras punteadas que preludian las fugas, y su faceta de muerte apacible, relajada, que se expresa en el cantábile del Andante central.

En los primeros años del siglo XVIII empezaron a circular en toda Europa los conciertos para cuerda de un violinista veneciano hasta entonces desconocido: Vivaldi. Conciertos que inmediatamente cautivaron la atención del joven Bach, quien empezó a transcribirlos para instrumento de tecla. Estas transcripciones evidencian la genialidad y la sensibilidad musical de Bach, pues interviene activamente en la partitura, no tanto modificando notas ya escritas, sino añadiendo elementos nuevos, más personales, que respetan totalmente la estructura original. Oreni interpretó el Concierto en Re Mayor de Bach (Vivaldi-Bach), ofreciendo un ámbito expresivo mágico, pintoresco y exótico.

Franz Liszt fue el creador de los poemas sinfónicos, sinfonías con un libre ordenamiento temático, ricas en contenido psicológico y filosófico. En el repertorio se incluyó Prometeus, basado en la figura mitológica de Prometeo, que robó el fuego de Júpiter para ofrecerlo a los hombres. El subtítulo de este poema sinfónico es Audacia, sufrimiento, resistencia, salvación. Escrita para gran orquesta, fue transcrita al órgano por Jean Guillou, afamado organista francés que participó en la edición de 1998 del Ciclo de Torreciudad.

La cuarta pieza fue el Allegro de la 6ª Sinfonía de Charles Marie Widor. Enmarcada dentro de la música escrita para interpretarse en un órgano sinfónico, como es el de Torreciudad, Widor estaba a la vanguardia de una reactivación de la música de órgano francesa, que utiliza el nuevo órgano diseñado por Aristide Cavaillé-Coll que era «sinfónico» en estilo, con un sonido más cálido y una amplia gama de registros que ampliaban el timbre del instrumento, llegando a una gama verdaderamente orquestal, con una sonoridad sin precedentes.

La parte más entrañable del concierto quedó para el final: la improvisación, arte en el que Paolo Oreni es un auténtico maestro. Como temas base se le dieron a escoger el Ave de Torreciudad y la melodía del carillón del campanario de Torreciudad. El italiano decidió improvisar sobre ambas, y ofreció a los asistentes un asombroso ejercicio en el que toda naturalidad iba de un pianissimo al tutti, en el que sonaron las campanas tubulares con las que cuenta el órgano y originales glisandos en el pedalero.

Asistió al recital Sara Badel, directora técnica del Festival de la Ribagorza, al que está unido el Ciclo de Torreciudad, así como la esposa del organista, Patrizia, que es concertista de piano. Ambos se d