Skip to content Skip to footer

Queridísima Madre:
Te envío unas letras con el soplo del viento de este desierto en el que me encuentro con tu Hijo desde hace unos días. No puedo negarte que hay días insoportables de fatiga, calor y frío, de pasar mucha hambre y de tener una sed insaciable pero dentro de todo esto, puedo decirte que los dos «estamos bien». Tenemos la oportunidad de conversar largo y tendido, de hablar con el corazón en la mano hasta de los sentimientos más ocultos. Hemos tenido momentos en los que juntos hemos derramado lágrimas que se han mezclado entre la arena pero también es cierto que todo esto, nos está fortaleciendo para lo que más tarde llegará.
Hay días que no logro dar un paso sin caerme más de una vez, sin quejarme incesantemente porque el viento tan molesto, nos llena de arena hasta las orejas y así un largo etcétera…Pero Madre, cuando veo a Jesús seguir adelante, cuando me agarra de su mano y tira de mí con fuerza, cuando pienso que estoy aquí para ayudarle a cargar con los pecados de todos hombres, incluídos los míos, entonces, sólo entonces, seco mis lágrimas descontroladas y le gritó con todas mis fuerzas: » Aquí estoy Jesús para tu Voluntad»
Quiero que sepas que ambos pensamos mucho en tí, que te echamos de menos y que estamos deseando que termine este tiempo penitente para abrazarte y besarte incesantemente. Madre, aunque estés físicamente muy lejos, estás aquí tan cerquita nuestro…
El viento se pone nervioso pues dice que son muchas las letras que te envío pero antes de concluir, quiero decirte Madre que soy un alma afortunada por poder estar junto a tu Hijo, acompañándole en esta soledad, por ser su esclava elegida.
Dame fuerzas Madre para seguirle hasta el final de mis días. Te quiero con locura.