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Madre: son las 5.30 de la mañana. Me despierta la música del despertador y sin saber por qué, aquí me tienes en esta helada madrugada. Me dormí con un pensamiento en la cabeza: vivir cada segundo por y para Dios. No sé por qué todo esto te cuento, quizá porque es lo que llevo dentro. Pero anoche aprendí esta lección, que mi vida no es mía sinó de Dios y que tengo que estar preparada para cuando el Señor me corte de este jardín y quiera llevarme al suyo como su flor escogida.
Madre, ayúdame en esto. A darme cuenta muchas veces del don de la vida. Antes de cerrar de nuevo los ojos, quisiera pedirte por los resultados del miércoles. Que desaparezca Madre todo rastro por favor, que sean resultados favorables. No te olvides por favor de todas las intenciones que llevo en este pobre corazón: mis amistades, mi familia, ese trabajo que no le sale y ya empieza a desesperarse, esos nudos que todavía quedan ahí atados…esas familias que tanto lo necesitan, especialmente la de ella. Ya sé Madre que son muchísimas cosas pero yo sé que TODO, sin ninguna excepción, lo guardas en tu gran corazón. Una madre nada puede negar a sus hijos…Dame lo que merezco y no todo lo que te pido.
El 20 operan de nuevo a su hermano. ¡Tienes Madre que curarlo!
Y ahora, ¿Me dejas que me duerma en tu regazo? ¿Te he dicho ya cuánto te quiero y te necesito? Te quieroooooo y siempre te necesitooooo.