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En tus faldas me senté
absorta en mil y una cosas.
Te abracé con fuerza,
te sentí tan cerca…
Aprendí hace tiempo
a dejar al descubierto
este pequeño corazón mío…
Corría para estar contigo,
imitando a Jesús
para sentarme en tus rodillas
como él siempre lo hacía.
En tu regazo, segura me sentía
y apoyada en tu pecho
mis cosas te iba contando.
Empecé a soltar las palabras
que en mi corazón guardaba.
Iban saliendo en cascada,
en silencio me escuchabas.
Se humedecieron mis ojos
se dibujó en tí una sonrisa,
acariciaste mi cabello
me susurraste al oído:
¡te quiero mucho!
Me dormí en tus brazos…