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Acuérdate Madre Mía de las almas perdidas
Tu, que eres mujer  buena y tan hermosa…
Acoge en tu corazón toda preocupación,
enséñanos a aceptar cada contradicción.
Muéstranos en cada momento,
el camino correcto.
Llévanos de tu mano
siempre hacia tu Hijo.
Derrama tu gracia en nuestras almas
para seguir adelante con tu ayuda.
Queremos alcanzar el cielo
para estar ahí contigo.
Madre de Dios y Madre Nuestra
no te alejes de nosotros que somos tus hijos.
Arrópanos con tu manto,
protégenos en tus manos.
Cura nuestras heridas
danos fuerza en la debilidad,
frágiles somos ante la adversidad.
¡Danos Madre tu valentía!
Nunca dejes de guiarnos en nuestros senderos,  de querernos como a tus » pequeños»
y animarnos a amar siempre a tu Hijo.
Recoge nuestras luchas y tantas caídas
pero danos batallas para alcanzarlas.
Sé Madre, faro en las tinieblas
alegría en el nuevo día,
ancla, en los mares de nuestra vida
para que la corriente, no nos arrastre.
¡Gracias por todo, Madre Mía!
¡Gracias por todos!