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Se despierta la mañana silenciosa y entre las claras aguas del pantano y las altas montañas, te encuentro Madre Mía aquí tan recogida.
Es muy temprano para que charlemos así que prefiero recogerme aquí contigo y contemplar a tu hijo entre mis brazos.
Se hace Niño, se hace Pan Vivo, por mí se ofrece y padece en esa Cruz que le dió muerte.
Mi Niño, ¡Qué Madre me dejaste!
La mujer más valiente, entregada y sacrificada que me enseña a amarte cada día más.
¡No me mires así, Madre Mía! Que los hijos pequeños, de tí aprendemos…Y yo me siento orgullosa de ser tu pequeña.
¿Sabes mi Niño cómo me gusta estar aquí a su vera? ¿Cómo me gusta verla tan guapa?
¡Cómo me gusta cuidar de ti mientras Ella reza!
Dime Madre, ¿Qué llevas en tu corazón?
¡Llévame siempre muy dentro tuyo! que en este mundo, me pierdo.
¡Ríete Mi Niño! Pero anhelo estar con Ella en sus entrañas de Amor Materno…Sandrita.