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Camino a Jerusalén me buscas…

He emprendido camino cuando apenas el sol se ha puesto y la niebla aún es espesa.
Sigo pensando en todo lo acontecido y en mí se crea la duda de que todo esto sea cierto.
Quizá tambalea mi fe sin motivo o quizá siento miedo a la realidad.
Mis pasos se vuelven cansinos, mis ánimos van menguando y de pronto, te encuentro aquí a mi lado.
¿Quién eres que no te reconozco? ¿De dónde saliste, buen hombre? ¿Qué quieres de mí que te unes en mi camino?
Se echa encima la tarde y te invito a que te quedes junto a nosotros compartiendo esta pobre y sencilla cena.
No dudas un instante y ante mis ojos y los de todos los que estamos aquí,renuevas de nuevo la Última Cena que tuviste con todos nosotros. Se renueva en cuerpo presente, el Sacrificio de tu Calvario, entregando tu cuerpo y derramando tu  sangre por todos los aquí presentes…
Oculto mi rostro en tu pecho pidiéndote perdón por no haber creído en ti y por haberme alejado sin pensar en el sufrimiento que esto te causaba.
Bondad infinita la tuya que llevando mi mano a las llagas de las tuyas, sólo puedo besarlas y decirte de nuevo: ¡Perdóname Señor!
Y al quitarte tus sandalias, acaricio las llagas de tus pies, besándola también con amor y diciéndote otra vez: ¡Perdóname Señor!
Buscando tu quinta llaga, que aún permanece abierta en tu Costado, no puedo más que tocarla con la yema de mis dedos y bañarla con mis lágrimas derramadas…
¿Dónde está mi llaga, Jesús? ¿Dónde está la que llevas también en tu piel tatuada?
Retirando tus cabellos puedo tocarla tras la túnica..Mi llaga en tu espalda sigue abierta esperando que cicatrice. ¡Bendita llaga la mía! La que siempre me recuerda cuánto me necesitas, la que siempre me demuestra cuánto me amas…
Cinco son las llagas que en tu cuerpo se han marcado, cinco son las veces que golpeo mi corazón con el puño por el dolor que siento al haberte ofendido.
Incredulidad la mía no solo en esta mañana, sino en tantos momentos de mi vida…
Sin embargo Jesús, recorres los caminos en mi busca y cuando te ignoro como hoy porque no te reconozco, mandas a tu Madre para que confíe en Ella y Ella me lleve hasta ti y así grite al verte: ¡Aleluyaaaaa, has resucitado para mí y no me lo merezco!
Son encuentros de dos almas profundamente enamoradas que necesitan de estos momentos para fortalecer los lazos de amor que tanto les unen.
¡Jesús Resucitado, Llévame siempre contigo!
¡Madre, Madre Mía! Sé siempre mi guía!