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En este Sepulcro de amor
ante tu cuerpo inerte Jesús,
me uno a María en su contemplación
y en oración más íntima y profunda
de corazón a corazón.
Me estremece Madre Mía
la dulzura de tu mirada,
fija en este Sudario
impregnado de la sangre
de tu Hijo inocente.
Lo retira con pura delicadeza
dejando al descubierto
tu rostro pálido, mi Jesús.
Lo besa con ternura
mientras tus cabellos acaricia
y yo contemplo en silencio
el Amor de tu Madre
pidiéndote en mi interior
que tu rostro nunca me ocultes.
También yo como María
beso tu frente helada
de este alma enamorada,
de tu sierva y esclava.
Y mientras seguimos derramando
gotas de amor vivo
sobre tu cuerpo ya dormido…
me retiro unos pasos
esperando el momento
de encontrarme de nuevo contigo.