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Hace unas semanas estuve en Torreciudad, vivo en Murcia, y a todo el mundo le estoy explicando lo mismo: salí llorando de la capilla del Pilar, porque a partir de las explicaciones que nos dieron sobre el retablo del santuario, decidí confesarme. Hacía muchos años que no me confesaba, porque la verdad sea dicha, había dejado de creer. Pero lo que de verdad fue el detonante, fue la dulzura con la que me trató el sacerdote con el que me confesé. Mira que tenía muchas cosas de estos años, y él (el cura) me ha hecho sentir muy bien, con mucha paz, con sentimiento y delicadeza. Prometo no dejar nunca más de querer a la Virgen, en Torreciudad comenzó una nueva vida para mí.