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Me encuentro  con este diálogo de amor tan vivo…
Una Madre que mira y atiende con delicadeza y cariño a su pequeño mientras éste le cuenta ensimismado a saber cuántas cosas de los hombres…
Desde un rincón contemplo la escena más bella y maternal.
Siento curiosidad por saber de qué hablan, qué se dicen…y allí me siento en silencio a sus pies mientras los observo.
Jesús le dice con salero lo mucho que se ha divertido viendo a tanta gente que venía a visitarles y María le dice que le apena no poder hacer más por todas ellas.
Mamá, ¿Qué podemos hacer?
¡Podemos hacer tantas cosas, Jesús!
Tú solo mírales y tu sonrisa, bríndales que yo me encargaré de hacer mías, todas sus cosinas.
¿Y tú crees que vendrá mucha gente más?
Yo creo que llegarán a nosotros sin saber por qué y que muchos otros, los que son más allegados, no se olvidarán de nosotros.
¿En qué piensas Jesús?
Pienso mamá al mirarte que eres tan guapa….
¡Por eso la gente ante tí se embelesa!
¡No Jesús! Solo contemplan lo que sus corazones anhelan…¡ Que les quieran!
¿Has visto a esa chica aquí sentada que se ha quedado embobada?
¡Sí, hace rato que está con nosotros!
¡Yo creo que quiere tenerte entre sus brazos, Jesús!
¡Pues yo lo que quiero es estar entre los suyos!
¡Ves, Jesús!
¡Ves, que yo a los dos aquí os espero!
¿Dónde vas mi Pequeño dejando sola a tu Madre…?
¡Vengo a cobijarme un ratito en tus brazos!
¡Oh, mi Jesús! ¡Cuánto me quieres! ¡Contigo soy la mujer más feliz!
¿Y ahora dónde me llevas con tanta prisa?
Te llevo junto a mi Madre que quiere darte un beso…
Y yo me me muero por darle mil besos míos.
¡Ven Pequeña, ven! Siempre en mi corazón te llevo y sé que en el tuyo, nos llevas a los dos muy metidos.
¡Ahora sí que soy feliz teniéndoos a los dos aquí conmigo!