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Hola, Madre mía. La verdad es que tengo muchas ganas de ir a Torreciudad. Hace casi cinco años que me he alejado un poco de la Iglesia, debido a lo que tú sabes, pero no hay un día en el que no me acuerde de ti. Te quiero, Madre mía, y me gustaría que me ayudaras a que todo se solucione, y poder derrumbarme en tus brazos, lo necesito. La verdad es que siento un vacío muy grande al estar lejos de ti. Mis sentimientos no han cambiado, te quiero como siempre, y anhelo estar contigo. Ayúdanos, Madre mía, a J.C. y a mí, para poder volver al camino, y para que él vea la luz divina y el cariño que das a tus hijos. Te quiero. Cuida a mi hijo Rubén, por favor. Acúnalo en tus brazos y no lo dejes solo. Muchas gracias por todo.