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Queridísima Madre: te escribo esta carta en agradecimiento por el día de ayer… Como siempre, eres Madre y atiendes todas mis necesidades. Gracias por los beneficios de esta romería, por darme la oportunidad de «sentarme de nuevo en tus faldas», por contarte todas mis ilusiones e inquietudes, por mimarme como lo haces. Perdona por meter la «pata» tantas veces, por no haberte dicho suficientes veces lo mucho que te quiero y cuánto te necesito siempre a mi lado. Perdón por haber derramado lágrimas de dolor ante Ti cuando ni siquiera tengo este derecho, porque todo lo que haces es por mi bien. Perdón por no haber conseguido que fuéramos más, pero en la próxima lo lograremos juntas. No te merezco, Madre, pero sabes que siempre te necesito. Te quiere con locura tu hija.