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Oh, querida Madre de Torreciudad: recuerdo cuando de niño mi madre me llevaba ante tu presencia en la antigua ermita, para que mejorases mi delicada salud. Ahora, después de toda una vida, vuelvo a suplicarte piedad por mi maltrecha salud: imploro tu misericordia divina para con mi mortal cuerpo, danos la suficiente vida como para conocer a mis nietos. Gracias, Madre mía, hasta el Cielo, allí espero poder llegar lo suficiente digno como para poder presenciar tu rostro. Amén.