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Suscribo totalmente las palabras del Sr. Arregui en torno a la figura de don Javier. Mi Hermandad, como Cofradía Sacramental de la Catedral de Jaén, tuvo el honor de contar con él en 2005 como exaltador del Corpus Christi. En una Sacristía Mayor llena, don Javier con la fuerza del soldado español y un alma sacerdotal que no le cabía en el pecho llegó con sus palabras a lo más hondo de las doscientas personas allí congregadas. En aquel momento él no era el sacerdote que día a día elevaba al infinito el Cuerpo del Salvador. Era ipse Christus, el mismo Jesús hablando de la Vida, del adelanto del Cielo en la Tierra y de lo más grande que tenemos los hombres. Y fue también ÉL -Jesús-, quién nos puso delante a tan gran heraldo para que con sus labios, su mente y su corazón nos dispusiera a celebrar al día siguiente tan magna Fiesta del cristiano. Gracias, don Javier, por habernos enseñado, en Jaén, y en su Catedral (relicario del Rostro misericordioso del Padre) a amar un poquito más a Cristo Sacramentado. Él que es buen pagador habrá sabido corresponder a tanto amor como usted sembró -tal y como el mismo día de su fallecimiento-, nos recordaba el Vicario General de Jaén en la Santa Misa celebrada en su memoria.