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Durante muchos años he ido a Torreciudad cada Semana Santa y he escuchado una y otra vez las anécdotas de la vida de D. Javier, de los milagros que vio hacer a la Virgen o al Cristo de bronce. «Cuente lo del trampolín!!», «cuente la del estudiante de filosofía pura…» Muchas ya nos las sabíamos de memoria pero ayudaba oírlas una y otra vez. Las homilias en los oficios, las meditaciones en el oratorio de la Sagrada Familia citando a San Josemaria o a Mario Bendetti… daba igual cual fuera el tema, siempre salías pensando «¡yo quiero querer así a Dios!»

D. Javier, ahora que me escucha desde el Cielo, le pido que siga ocupándose de acercarnos a Dios. Le pido, como buen teniente de navío, que nunca abandone a su tripulación.