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Que desde hoy, Madre, veles por mi hermano, que tanto te ha cuidado y te ha rezado ahí en el Santuario. Que lo sostengas en tus manos, en tu regazo, para que se ponga bien, se recupere, pues tiene que seguir sirviendo a la Iglesia, como hasta ahora lo ha hecho. Te pongo en tus manos a mi queridísimo hermano Javi. Sé que no nos abandonas nunca, y que siempre velas por nosotros. Haz el milagro. Dale toda la fuerza que necesita. Gracias, Madre mía.