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Querida Madre: qué alegría estar contigo ese domingo de agosto, fue muy emocionante confesar, escuchar la Santa Misa y recibir a Jesús en la comunión. Ahora en casa quiero poner nuestra familia en tus manos y pedirte un milagro, que es precisamente lo que necesitamos, que nuestro señor acontezca en nuestra vida. Gracias, Madre.