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Esto es lo que te escribí el 31 de agosto pasado: «Sabes los problemas que en estos momentos tengo… Dame fuerza y sentido común para afrontarlos.» Pues hoy tengo que darte infinitas gracias por haberme ayudado, no sé, Madre mía, cómo agradecerte que me hayas escuchado. Te prometo que muy pronto vendré a visitarte.