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Virgencita, ha pasado ya bastante tiempo desde la última vez que te dirigí unas palabras. Hoy desde mis más profunda y dolorosa soledad te pido perdón a Dios y a ti por haber cambiado tanto, por haberos echado a un lado. Madre, tú sabes cuánto os necesito. Necesito vuestro perdón y vuestro apoyo incondicional. Madre, estoy tan sola…, reducida en lágrimas al escribirte. Madre mía, ábrele los ojos a mi marido y pídele a Dios que me quiera y me trate con amor. Mientras tanto, ayúdame en el trabajo para poder salir adelante y dame fuerzas y valentía para afrontar el camino. Sabes que amo a mi marido, por favor, Virgencita, pídele a Dios que él también me ame a mi. Te quiero, Madre mía.