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Madre querida, te pido por las autoridades eclesiásticas de mi país. Tú, como Madre de Dios, conoces la división que no todos son sacerdotes verdaderamente enamorados de Jesucristo. Como Madre de los Sacerdotes protege a nuestros buenos sacerdotes e intercede ante tu Hijo por la conversión de los otros. Ofrezco a mi Padre mi vida de oración, penitencia y ayuno a todo lo que no sea de Dios por el bien de mi país. Confío en ti, Madre mía.