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Madre mía, te pido y ofrezco lo que me pidas con generosidad por Santi, para que las personas que lo atienden sepan que para Dios nada es imposible. Yo no lo conozco, pero Tú y mi Padre sí lo conocen. Devuélvele, si es Voluntad de mi Padre, la salud, ya que tiene tan pocos años, y si lo dejas, permite que su vida sea para amar, servir y glorificar a Dios en los Cristos que habitan este mundo de tanto egoísmo y materialismo, sin importar el dolor y el sufrimiento.