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Madre querida, verás, pensaba llorarte un poco pero creo que tengo tanto que agradecerte que sería injusto. Lo que me pasa es que estoy decepcionada de una persona a la que yo siempre he considerado de las más inteligentes y sabias, pero bueno, son cosas que pasan y que te hacen ser fuerte y capaz de perdonar, pues mi corazón jamás alberga rencor ni guarda memoria de las cosas que me hacen sufrir. Antes de terminar de escribirte, pedirte que cuides de mi familia, es lo único bueno que tengo, y a mí que me des paciencia para saber aguantar hasta el final con dignidad. Yo poco puedo ofrecerte, sólo mi trabajo diario, pero tú sabes mejor que nadie cómo soy y lo que hago, por eso te pido perdón si a veces siento que no puedo más.