Skip to content Skip to footer

Un roce en su hombro siente y reconoce al instante el «Portero Mayor» que, a punto de abrir de par en par, determinadas puertas; un leve mirar hacia atrás del «Pescador» junto a la mano de Dios, la Hija, la Esposa, la Madre mira a su Hijo y dejándole como siempre «hacer» escucha decir… ¡¡Pedro!! Hoy, las puertas del cielo, a Carlos, a nuestro Carlos, a JUAN PABLO… se las abro yo.

PADRE NUESTRO QUE ESTAS EN LOS CIELOS, SANTIFICADO SEA TU NOMBRE, VENGA A NOSOTROS TU REINO, HÁGASE TU VOLUNTAD ASÍ EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO, DANOS HOY EL PAN NUESTRO DE CADA DIA, Y PERDÓNANOS NUESTRAS OFENSAS, ASÍ COMO NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN, Y LÍBRANOS DEL MAL.