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Querida Madre,
Esta Semana Santa he tenido la gran oportunidad de estar ahí, en tu casa. Ya había estado varias veces y es la tercera Semana Santa que paso ahí, pero ésta vez hubo algo especial que lo ha hecho inolvidable para mi. Como me ha gustado ser una de las tantas personas que estaban ahí, para poder consolarte el Viernes Santo, recordándote como se reía (y como era) tu hijo, como me lo recuerdas tu tantas veces.

Me atrevo a pedirte una cosilla: Lo que tu y yo sabemos va bastante mal. Madre, lo dejo en tus manos y las de tu hijo, que se haga todo lo que se pueda. ¡Gracias, sé que contigo puedo! Un abrazo lleno de cariño y a ver cuando vuelvo a tu casa para verte ¡Ojalá sea pronto!