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Gracias Señora, no solo por lo que tengo, por lo que me concedes, y por lo que me otorgas, sino por lo que no tengo, por lo que no padezco. Sobre todo, por saberme reconocer la gratitud inmensa que te debo por todas las cosas ordinarias de la vida, que son las cosas auténticamente extraordinarias de la vida… se me cae tu nombre de mi boca y me entran unas ganas de reírme y de pegar gritos de alegría cuando te imagino comiendo con tu hijo y tu marido en Nazarhet; llena de AMOR DE DIOS, al lado de Dios y de todo un Patricarca, repleta de alegria y gozo, ya que todo lo demas no cuenta…
-¡¡Madre, agacha la cabeza que te voy hacer una pregunta!!.
– ¿Cuando mi Dios vivo se reía a carcajadas, a que sonaba su risa?… ¡¡Dímelo!!, dímelo por favor y no tardes, ya que la semana que viene, habré de recordártelo y recordárselo…