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Buenos días Señora. Te doy gracias por la luz que me dista hace cuatro años. Por circunstancias mi vida ha cambiado, pero recuerdo con mucho cariño todo lo que sentí entre tus muros y hablando con El Padre. Siento no haber podido volver y quizá no llegue a estar frente a Ti y frente al Cristo nunca más por la distancia; pero os llevo en mi corazón y en mi mente junto con esas personas que conocí allí y que me dieron tanto. Adiós Señora, os llevo siempre en mi mente y en mi corazón.