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¿Cómo estás Madre? Es tarde y aquí me tienes trabajando con el ordenador… Hace mucho que no tengo la oportunidad de ir a verte. Cuando era niño iba con frecuencia a tu santuario de Torreciudad, que ha sido siempre una roca firme en la que apoyarme, estuviera lejos o cerca de tu casa. Vuelvo a hablarte ahora aunque sea a través de estas palabras inválidas y frías que marcan mi ordenador. Me dedico a la literatura y enseñanza y te escribo para que me guíes en este mundo que hay que recristianizar. Te pido una ayuda especial para afrontar las dificultades con las que me encuentro a diario por ser cristiano.
Gracias por lo que estás cuidando de mi familia. Gracias,