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Mensaje : Madre mía y nuestra: Otra vez me dirijo a Vos, con mucho que pedir, cual niño pequeño a su madre que sabe será atendido, pero en este momento, sólo vengo a acompañaros. Eso os pido, que mi mujer y yo estemos siempre contigo, siguiendo a Cristo como Tú, sentados a la mesa en las bodas de Caná, en la que nos hemos colado de tu mano y que nos has hecho revivir en la nuestra, en la que has sido invitada de honor bajo la advocación del Carmen (como eres tan querida en esta tierra).Y sé que, aunque no hemos estado en la Jornada Mariana de la Familia, nos has congregado a todos los ausentes bajo tu manto y nos has puesto, una vez más, ante tu Esposo, tu Hijo y Nuestro Padre. Y yo, que he sido hijo de su siervo Josemaría, como si fuese de la familia, me siento a su lado con la confianza de ser querido y el atrevimiento de ser esposo de una hija suya.
¡Madre!. Nada te pido ahora, que Tú te adelantas a todo. Y a tu lado hazme recordar aquel ratito de oración:
¿Problemas? Al Corazón de Jesús. ¿Agobios? Al Corazón de Jesús. ¿Errores? Al Corazón de Jesús. ¿Incertidumbre? Al Corazón de Jesús. ¿Tristeza? Al Corazón de Jesús. ¿Desánimo? Al Corazón de Jesús. ¿Cansancio? Al Corazón de Jesús. ¿Decaído? Al Corazón de Jesús. ¿Abatido? Al Corazón de Jesús. ¿No sabes? Pregúntale a María que Ella te llevará.