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Conocí Torreciudad hace algo más de dos años, por el hijo de una de las personas que ayudaron a construir esta maravilla. No hice referencia a este hecho, y fuimos igualmente bien atendidos por aquellas bellísimas personas que te acompañan en todo momento siempre que te haga falta.

He vuelto a ir, esta vez sola, encontrándome con una convención latinoamericana que me encantó. Quiero decir que a pesar de que yo no soy creyente y que el hecho de acudir fue por motivos puramente culturales, por conocer algo interesante, he de reconocer que me conmovió todo cuanto pude observar.

Recomiendo a todo el mundo que desee, creyente o no, que visite este lugar. Es una experiencia única, tal vez por el enclave donde se encuentra situado, por la ausencia de sonidos de civilización, por las vistas tan impresionantes del pantano… no sé, pero es lo que yo llamo «un lugar en el mundo». Saludos a todos aquellos que hacen posible que esto suceda.