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La semana anterior a Semana Santa visité el santuario con un grupo de amigas de Guatemala. Una de ellas estaba sin bautizar pero ninguna de las del grupo lo sabíamos. Después de hablar con un sacerdote del santuario vino a comentarme que no era católica pero que en «ese lugar” había sentido una fuerza especial que le animó a platicar con el sacerdote y decírmelo posteriormente para hacer un plan de intensiva formación doctrinal que le permita ser admitida en la Iglesia Católica. «Sentí -comentó- como la Virgen me daba fuerzas para hablarlo y tomé la decisión».

Otra de las integrantes del grupo, al volver a nuestro país, comentaba que lo que realmente le había impresionado era «el orden con el que estaban puestos todos y cada uno de los ladrillos de Torreciudad». Se dio cuenta de que se habían cuidado los detalles pequeños, como lo enseñó San Josemaría.