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Quiero proponeros una experiencia. Si vais a Torreciudad, procurad tomaros tiempo. Un paréntesis para vosotros y acudid al Santísimo. Saludad a Cristo como a un buen amigo, explicadle y, con su ayuda revisad vuestra vida. Luego, acudid a los confesionarios. Tras recibir la absolución volved al Santísimo, pasad un rato más con El, pensad en vuestros propósitos, pedidle que os ayude a llevarlos a cabo.
Ya veréis con qué paz regresáis a vuestra «guerra» cotidiana.