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Quiero contar un milagro que nos ocurrio visitando este verano el Santuario.

Siempre que viajamos en coche toda la familia, llevamos a mi hermana pequeña en la parte trasera de la furgoneta, quitamos los asientos y colocabamos el carrito, pero el día que subimos a Torreciudad se nos olvido cerrar bien el maletero y el carrito se calló por un pequeño precipicio quedando destrozado.

Todos nos quedamos en blanco, pero la alegría y la casualidad fue que esa vez mi madre tenía a mi hermana en brazos.