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Cuando se estaba construyendo Torreciudad, un paisano de Barbastro se escandalizó del dinero que se estaba gastando en algo que sólo serviría para que fueran unas cuantas viejas a rezar.

Acabo de contemplar la página web de Torreciudad y me ha alegrado ver que aquellos ladrillos que se pusieron no se han quedado muertos y olvidados encima de una montaña, sino que han adquirido vida gracias a todo ese mensaje que transmite esa extraordinaria página web.

Enhorabuena.