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Tuve el gusto de conocer el Santuario exactamente hace diez años, con motivo de mi peregrinación a la Beatificación del Padre; solo tenia trece años y muchas cosas me impresionaron: la Virgen y el retablo, el Cristo de bronce que con sus ojos abiertos muestra que la crucificción fue justo por tí, las aguas del lago, tan azules que parecen imposibles, en general, la presencia de Maria en verdad se siente.