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Amadísima Madre, os he pedido muchas cosas a lo largo de mi vida: por mi familia, mis amigos, por la Iglesia, por el mundo… Os pido que me ayudéis a encontrar mi futuro como periodista, y lo que ya sabéis. Sólo falta que me concedáis lo que os he pedido tantas veces: que todos los que oigan tu nombre se sientan atraídos a tí, y que vuestro santo nombre se propague por todo el mundo. No pretendo alcanzar recompensa alguna, pero si me la concedes, Señora, sea la de amaros hasta el fin de mis días, y hacerme digno de que se cumplan en mí estas palabras que de tí se dicen: Qui elucidant me vitam aeternam habebunt; los que me esclarecen obtendrán la vida eterna.