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Madre de Dios y de toda la humanidad, en dìas pasados pasé tan de prisa por allí, embobado viendo todo lo realizado por San José María Escrivá y sus hijos han querido poner a tus pies, que no tuve tiempo de poder poner a tus pies la súplica que me llevó a hacer este viaje a través de la Ruta Mariana: interceder y obtener la gracia, de Dios Padre y de tu Hijo, el regreso a la Fé de mi hijo mayor, Mario. Confío mucho en tì, ¡gracias, Madre mia!