Skip to content Skip to footer

Madre mía Inmaculada, preséntale a tu Hijo cada día de mi vida, purifica todo lo que hago para que sea digno de ponerlo en presencia de nuestro Señor, y dile que le doy mil gracias por mandarme esta tribulacion. Te pido a ti, Madre y Señora nuestra, que me ayudes a llevarla para glorificarle más a Él. Gracias mil también porque me enseña a ser débil para necesitaros, y quisiera pedirte que me gustaría que me enseñara lo pobre y pecador que soy para con vosotros, para que eso me ayude a pedirle a Él todo lo que necesito, para cumplir lo que Él quiere, para amarle a Él más que a nada en este mundo. Y por último, quisiera poner en tus virginales y purísimas manos todos mis días, quisiera que fueran para ti, por ti, en ti y contigo.
Gracias porque con tus divinas manos me quieres limpiar, para que algún día, este trasto que vos rescatasteis, brille lo suficiente para ser presentado ante Dios, porque yo soy indigno para dirigirme a Él y presentarle mi regalo, que es lo que hago en mi vida cotidiana. Igual que un esclavo es indigno de presentar al rey siquiera una manzana, permíteme Señora pedirte le presentes mi humilde manzana, para que tú, que eres la Reina, la pongas en un plato de oro, le saques brillo con tus manos limpias y puras, y se la presentes al Rey de Reyes.