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Madre mía, ¡JAMÁS! se ha oído decir, que ninguno que ha acudido a tí, haya sido desamparado de Vos… Por eso te pido con fuerza:
1) por todos mis hermanos, hijos de muy buenos padres, para que sean cristianos ejemplares; 2) por mi curación (me insisten en que la pida); médicamente no tiene solución, pero tú puedes si conviene…, y si no, que la lleve santamente. «¡Acuérdate, Señora, acuérdate».