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Francisco Pérez-Latre, profesor de Medios Publicitarios de la Universidad de Navarra y co-autor del estudio “Ciudadanía, educación cívica y estudios de comunicación”, dijo hoy en Torreciudad que “el verano es una excelente ocasión para leer más prensa, y no menos, como ha sido la norma hasta ahora. Donde hay más tiempo, no puede faltar el afán de acceder más a bienes culturales como los libros y los diarios”.

En un coloquio sobre “Información y ciudadanía”, Pérez-Latre destacó que “la lectura de prensa no es para privilegiados. Sin embargo, frente a 600 ejemplares de diarios por mil habitantes en Noruega y más de 500 en Suecia y Finlandia, la lectura de diarios en España permanece estancada en torno a los 100 ejemplares por mil habitantes. En torno al 62 por ciento de los españoles no leen diarios. Aragón se sitúa en la media nacional”.

“Son niveles de lectura escasos, que no hablan bien del interés de los ciudadanos por las cuestiones públicas y la mejora de la vida social”, dijo este Master por Emerson College, de Boston, e investigador del impacto educativo y cultural de los medios de comunicación.

En su opinión, “este estado de cosas no es conveniente, porque refleja la situación de una audiencia pasiva y adormecida, sin intereses que vayan más allá del entretenimiento. En la sociedad va cuajando cierto analfabetismo cultural y eso es peligroso para el desarrollo de una nación que ha crecido en términos económicos, pero no acaba de superar situaciones de retraso cultural”.

Francisco Pérez-Latre explicó que “la prensa tiene también un reto con los más jóvenes, que muestran escaso interés por los diarios. El verano puede ser oportunidad para que los más jóvenes vayan convirtiendo la lectura de prensa en un hábito diario”.

Según este experto, en la sociedad globalizada posterior al 11 de septiembre “ya no nos podemos permitir el lujo de vivir de espaldas a los acontecimientos que configuran el mundo. La prensa permite incrementar los niveles de participación de los ciudadanos y despierta la solidaridad con los que sufren. Los efectos destructivos del hambre, la guerra y las catástrofes no se pueden ignorar. Ya no podemos permitirnos el lujo de mirar hacia otro lado”.