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Este profesor del Conservatorio Nacional de Lisboa y director de la Academia de Música Santa Cecilia de Lisboa, destaca que la música de órgano requiere mayor divulgación, que “lleve a un mayor índice de asistencia a los conciertos, de forma que el gran público conozca la alta calidad de los instrumentos y de la música de órgano”.

Con motivo de su participación en las XXI Jornadas Internacionales de Órgano, Paiva afirma que “la restauración es un tema polémico y se debe reservar a especialistas, con el apoyo y seguimiento de las instituciones públicas. No es algo aislado, sino un proceso que requiere calidad y coordinación, aunque sea cara. No se debe sustituir la tubería antigua por otra nueva sin cuidar la calidad, ya que un aspecto exterior fascinante puede no corresponder a un interior que suena mal”.

Paiva alabó el trabajo conjunto de especialistas y entidades, y citó “el papel decisivo de la Institución Fernando el Católico y de José Luis González Uriol, responsable de dirección de las restauraciones”.

La actuación de este artista de 40 años en Torreciudad fue la primera que ha ofrecido en un órgano de la provincia de Huesca, y señala que “es un instrumento que permite hacer todo, construido para esta arquitectura, con la singularidad de la transmisión eléctrica, que ofrece más dificultad”.

Paiva considera clave “la colaboración de especialistas y profesionales con las entidades públicas y privadas, así como coordinar y programar conciertos para divulgar el patrimonio cultural y los propios instrumentos”. “Hace falta también formar organistas para que toquen regularmente, de forma que tengan vida semanal, además del uso que supongan los conciertos”, añadió.

Se refirió a “la divulgación como algo muy necesario para la música de órgano, que merece una mayor valoración”, junto a la conveniencia de que “se interprete con rigor histórico”. Insiste también “en variar, recrear y dar a conocer el mundo propio del órgano, más variado de lo que parece en un primer momento”.

En esta línea, se refiere al “órgano ibérico”, originario de España y Portugal, que ofrece mucha variedad y unas posibilidades fantásticas (un teclado partido, trompetería en llamada, tubos de lengüeta con gran sonoridad muy penetrante en horizontal) y que “es punto de referencia en otros países, que lo han incorporado después de que naciera aquí en el siglo XVII”.