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Aquí puedes leer -y meditar- la homilía que pronunció el arzobispo de Tarragona, mons. Jaume Pujol, durante la eucaristía celebrada el pasado 17 de septiembre en la Jornada Mariana de la Familia.
Muy querido rector del santuario, sacerdotes concelebrantes y diáconos. Muy queridas familias. Muy queridos todos hermanos y hermanas en el Señor. Os saludo a todos con afecto y agradecimiento celebrando la vigésimo sexta Jornada Mariana de la Familia aquí en Torreciudad. Para mí es una alegría muy grande porque recuerdo el cariño y la ilusión con el que san Josemaría Escrivá de Balaguer impulsó este santuario en honor de Santa María. En los once años que tuve la suerte de vivir cerca de san Josemaría en Roma nos habló muchas veces de esta locura, decía él, de construir un santuario en honor de la Virgen. Gracias a su empuje, y al de mucha gente, se ha hecho realidad ese sueño. Demos gracias a Dios.

Queremos que la Virgen María acoja bajo su poderosa intercesión ante Jesús, Hijo de Dios y de Nuestra Señora, a las familias que en tan gran número habéis peregrinado hoy a este santuario mariano. Y pedimos también por las familias de todo el mundo porque el horizonte de nuestra petición es universal. Santa María haz que nuestras familias sean un lugar de comunión y pequeñas iglesias domésticas, donde el Evangelio de tu Hijo sea proclamado y vivido por todos los que las componen.

Este año tenemos que agradecer al Santo Padre, el papa Francisco, que nos haya escrito la sugerente Exhortación apostólica «Amoris laetitia», la alegría del amor, sobre el amor en la familia. El Papa nos dice lo que se propone: “La entiendo (esta exhortación) como una propuesta para las familias cristianas, que las estimule a valorar los dones del matrimonio y de la familia, y a sostener un amor fuerte y lleno de valores como la generosidad, el compromiso, la fidelidad o la paciencia” (AL, 5).

Es decir, el Papa nos dibuja el escenario de la santidad en la familia. La familia cristiana debe de proponerse la santidad de todos sus miembros. La santidad como esposos, como padres, como hijos y como hermanos. Esto tiene que ser así. Uno podría pensar que en los tiempos actuales, con tantos divorcios, tantas infidelidades matrimoniales, tantos conflictos padres e hijos, etc., cabría conformarse con una familia que salga adelante aunque sea a duras penas. Que cubra las necesidades materiales y poco más. Pues no. El Papa nos habla de santidad. Se trata de hacerlo bien, lo mejor posible, en la vida familiar, y así hacerse santo.

Recordar la santidad en la vida familiar en este santuario de Torreciudad nos lleva a pensar en san Josemaría, el promotor de este santuario, y gran apóstol de la santificación en la vida matrimonial. Con qué fuerza decía que bendecía el amor matrimonial entre el hombre y la mujer con las dos manos. Si le preguntaban por qué decía “con las dos manos” contestaba con buen humor: “porque no tengo cuatro”.

¡A cuántas personas, que buscaban una entrega al Señor, les iluminó al hacerles comprender que el matrimonio es una verdadera vocación de entrega! Y que el camino de santidad de un marido tiene un nombre: el de su mujer. Y también que el camino de santidad de una mujer casada tiene un nombre: el de su marido. Nos decía: “Si tuviera que dar un consejo a los padres, les daría sobre todo éste: que vuestros hijos vean —lo ven todo desde niños, y lo juzgan: no os hagáis ilusiones— que procuráis vivir de acuerdo con vuestra fe, que Dios no está sólo en vuestros labios, que está en vuestras obras; que os esforzáis por ser sinceros y leales, que os queréis y que los queréis de veras. Es así como mejor contribuiréis a hacer de ellos cristianos verdaderos, homb