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El Sotillo, Guadalajara, Castilla-León

 

Un grupo de peregrinos viajó hasta Torreciudad para depositar este cuadro el 24 de abril de 2019.

INFORMACIÓN SOBRE ESTA ADVOCACIÓN

La ermita se encuentra en un lugar en el que debió de existir el poblado medieval de Aranz, de principios del siglo XII, del que no quedan restos. Fue fundado por colonos vascos, tras la Reconquista, los cuales encontraron la talla de una pequeña Virgen escondida tras unos espinos, a la que llamaron Virgen de Aranz. Aranz es un topónimo derivado del euskera aranz, que alude a «espino», por ello cabe la posibilidad de suponer que los repobladores de El Sotillo eran de origen vasco, o que su aparición fue sobre ese tipo de arbusto.

La imagen se encuentra actualmente en la iglesia parroquial de Santa Marina de El Sotillo, término municipal al que pertenece, lugar hacia donde fue llevada para su mejor conservación. Cada año, con la llegada de la primavera, la imagen de la Virgen es llevada en andas con motivo de su romería por los vecinos del pueblo hasta la ermita, a unos 5 km del municipio. Se trata de una talla de madera policromada que data del siglo XIII, con unas mínimas dimensiones, de unos 81 cm de altura, y nos muestra la figura de la Virgen sedente con Niño. A lo largo del tiempo ha ido sufriendo diversos repintes por parte de los habitantes del pueblo, ocultando, tras varias capas de la madera, su auténtico esplendor. En la actualidad se encuentra en un estado aceptable gracias a la restauración que se efectuó sobre la talla en el año 2002 con motivo de su presencia en una exposición de arte religioso en Toledo. Es, por tanto, una talla en la que aparece María sentada sobre su trono, un tipo de representación muy extendida en la Edad Media que tenía por objeto acercar la divinidad al humilde hombre del pueblo. Eran imágenes que se creaban para los altares de las pequeñas iglesias rurales, llegando a provocar una intensa devoción. Se representa a la Virgen como majestad con corona, conocida como la sede sapientiae, la sede de la sabiduría. La Virgen de Aranz se nos muestra, por tanto, con este sentido maternal propio de un románico más avanzado, evitando el frontalismo con la colocación de su mano sobre la cadera del Niño, liberándose con ese gesto del hieratismo inicial.