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Ciudad de Guatemala, Guatemala

 

En el marco de las celebraciones con motivo del 7º Encuentro de los Pueblos de América en Torreciudad quedó depositada esta imagen el día 6 de mayo de 2007.

 

INFORMACIÓN SOBRE ESTA ADVOCACIÓN

En Guatemala, la imagen de la Virgen del Rosario del Templo de Santo Domingo, que posee cuatro siglos de historia, fue declarada en 1651 «Reina y Patrona de la Ciudad de Santiago de Guatemala y Abogada contra los terremotos». En 1843, en desagravio por los ultrajes padecidos en tiempos de Francisco Morazán, fue nombrada en sentido honorífico, «Patrona de Armas del Estado». En 1934, recibió la corona pontificia con el título de «Patrona de la Ciudad de Guatemala». El alcalde Óscar Berger la nombró «Alcaldesa Perpetua» en 1992. Estos datos resultan curiosos, dado que la capital guatemalteca tiene muchos patronos, pues la misma urbe lleva el nombre de la Asunción.
La fama del culto suntuoso que se daba a la encantadora imagen en la historia de la Virgen del Rosario en Guatemala de Santo Domingo, que llegó hasta Roma y el Papa Clemente VIII, ya conmovido por los informes de tanta devoción indulgencia la Capilla de Nuestra Señora del Rosario en Antigua Guatemala, comunicándoles todas las gracias e indulgencias que el Santuario de San Juan de Letrán en Roma, tiene concedidas y todas las que se le concederán. Más tarde a petición del Rey de España, el Santo Padre le concedió en 1650 un Jubileo Extraordinario para el Rosario, escogiéndose el 12 de febrero del año siguiente para ganarlo. Se realizó una magna procesión de Santo Domingo a la Catedral, la cual resulto más grandiosa y magnifica de los que se esperaba. De regreso a Santo Domingo colocaron a la Virgen en el Presbiterio a petición de los fieles, que estaban entusiasmados.

Se formaron turnos para acompañarla hasta el día 19 en que regresaría a su Capilla. Pero el día 18 entre 12 y 1 del mediodía, sobrevino un gran terremoto «que parecía se hundía la ciudad y que se acababa el mundo». Sacaron luego a la imagen a la plazuela del Convento y se estableció una guardia perpetua, rezándole el Rosario para que interviniera ante la Clemencia Divina. Con motivo de estos terremotos se comenzó a rezar el Santo Rosario todos los días en la Iglesia de Santo Domingo, costumbre que aún se conserva. En 1667 le levantaron una nueva Capilla en derroche de arte. Siempre que hacía erupción el Volcán de Fuego o temblaba en la ciudad, acudían los vecinos a postrarse a los pies de la Virgen del Rosario. Así lo intentaron hacer la noche terrible del 29 de septiembre de 1717, al sentir la primera sacudida. Quisieron entrar al templo, pero por milagro divino las llaves no aparecieron y cuando todos comenzaron a retirarse acongojados porque no habían podido entrar, sobrevino el segundo y más fuerte temblor, desplomándose por completo la cúpula de la Iglesia, sin que hubiera desgracias personales. Algunos religiosos entraron a explorar como había quedado la Capilla y encontraron a la Virgen intacta.